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sábado, 24 de marzo de 2012

JULIETA Y ROMEO



Como cada día Romeo iba al locutorio cercano a su casa porque el ordenador tan deseado y prometido por sus padres iba a tener que esperar un poco más. Su padre ha perdido su trabajo de un día para el otro y solo disponen del pequeño sueldo de su madre para subsistir.
 Nada más entrar constató que su vecina de mesa estaba de nuevo, como cada día desde hacía un mes, sentada ante la pantalla, totalmente concentrada. La saludó con un tímido hola, pero ella pareció no darse cuenta porque ni le miró. Se sentó ante su propia pantalla, ansioso de conectar con su nueva amiga virtual. Tenía tanto que contar, que compartir con ella, se entendían tan bien... La encontró de forma casual en un foro de literatura, poco a poco sus mensajes se hicieron totalmente privados, se llama Julieta, desde que la conoce no se siente solo, al contrario, ahora la vida tiene un gran sentido.
¿Cuándo te conoceré en persona? Lo estoy deseando.
Estoy demasiado lejos pero pronto nos veremos Romeo.
Es asombroso cómo solo ella podía comprender sus estados de ánimo y sabía aconsejarle como nadie. El amor apareció pronto y fue creciendo sin pausa, sentía su corazón tierno y liviano cuando antes lo sentía duro y frio. No tiene amigos, se burlan de él porque es demasiado tímido, pero desde que se comunica con Julieta se siente fuerte y dichoso, feliz como nunca lo había sido.
Ningún día faltó a su cita con ella, hablaban de todo, sin tabúes, sin miedos, con total confianza y cariño mutuo.
Su compañera de mesa siempre se iba casi al mismo tiempo que él, nunca tuvo ocasión de hablar con ella, parecía siempre muy ensimismada pero a él no le importaba, solo tenía pensamientos para su Julieta.
Al día siguiente acudió de nuevo al locutorio, se extrañó al no ver a su compañera de mesa pero la olvidó pronto, solo quería conectarse cuanto antes para reanudar la conversación con su amada. El corazón se le derretía al pensar en ella. No pudo contactar con ella, no estaba conectada. Qué raro, nunca había faltado a su cita. Esperó un rato más y volvió a intentarlo pero ella no estaba, se estaba desesperando. Cuando pasó el tiempo de conexión pasó por el mostrador y preguntó por su compañera de mesa.
- ¿Dónde está la chica que se sienta siempre a mi lado?
- ¿Qué chica?
- La que viene cada día desde hace aproximadamente un mes.
- A esta hora sólo vienes tú, nadie más.
- No puede ser, la he visto cada día, pelirroja, con el cabello muy largo.
- Había una chica así pero hace un mes que murió, estaba enferma.
- No, ayer mismo estaba aquí sentada ante el ordenador.
- Seguro que no, estabas tú solo.
- En fin, vería visiones entonces, ¿cómo se llamaba esa chica?
- Julieta.
Salió de allí dando tumbos como si estuviera ebrio, la cabeza le daba vueltas, tuvo que sentarse en el bordillo de la acera, ¿sería con ella con quien chateaba? ¿Sería ella su dulce amada?
Volvió a entrar y se volvió a conectar, entró en su correo, había un mensaje, destacado, de Julieta.
Te espero en el cielo mi amor.
Casi se desmaya. Se quedó blanco como el papel, el encargado del locutorio se asustó al verle tan pálido, le ayudó a salir para que le diera el aire, poco a poco se fue recuperando y se marchó.
Entró en el metro y esperó el primer tren que pasó para conocer de una vez a su querida Julieta.