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miércoles, 11 de abril de 2012

LA CENA


LA CENA
La abuela Conchita  esperaba expectante la llegada de la familia mientras se tomaba una copita de Rioja. Los había invitado a cenar porque hacía mucho que no se veían. Así tendría noticias frescas. Se encontraba muy bien, a pesar de sus 85 años, no le dolía nada.
El primero en llegar fue su hijo mayor, Juan, con su nueva novia, Natasha. Esta lucía un vestido con un tremendo escote por delante y por detrás, al sobrino se le iba a caer la baba. Juan tenía ya el pelo blanquecino y una barriga de mucho cuidado, la cual mostraba orgulloso.
"Me hace más vieja", pensaba la madre.
Justo después apareció, dando saltitos, el nieto, Pablito, con su madre, Teresa, la hija menor.  Estaba separada hacía mucho tiempo. Al niño se le pusieron los ojos como platos al ver a la nueva novia de su tío. Su madre, muy recatada, tapada hasta el cuello, reprochaba a su hermano su descaro, aunque se lo guardaba para sí misma.
Conchita estaba disfrutando al ver la cara agria de Teresa.
Seguidamente llegaron Pedro, el hijo mediano, con su bohemia mujer, María, y la nieta, Rosita. Esta, con un vestido de florecitas, empezó a hacerle burlas a su primo. Sus padres le dijeron que se portara bien, pero ni caso. El padre ya había bebido varias copas y la madre se había fumado dos canutos seguidos antes de la temida reunión familiar.
Todos preguntaron a Conchita:  ¿cómo está abuela? Bueno –respondió–, aquí con mis achaques, no muy bien, el reuma, ya sabéis.
Se sentaron a la mesa, después de los besos y abrazos de rigor.
 El cocido de garbanzos se estaba enfriando. Pedro se sirvió un buen vaso del vino de garrafa que la abuela había comprado para la ocasión. María se puso a reír al ver las servilletas de papel con ositos.
 Los niños se hacían la puñeta uno al otro hasta que consiguieron derramar la salsera encima de la mesa, manchando el vestido de Nastasha. Juan empezó a gruñir. A Teresa se le puso cara de circunstancias. Pedro y María hicieron ver que se enfadaban pero no podían evitar las lágrimas de la risa.
Pablito cogió presto una servilleta con ositos e intentó limpiar el escote de Natasha, pero Juan le apartó de un manotazo.
La abuela pidió a su hija, Teresa, que fuera a buscar las criadillas a la cocina. El rostro de Natasha se estaba poniendo verde.
Contadme cosas –dijo Conchita–, ávida de cotilleos y peleas.
"Esto es vida", pensó.


LA VIDA DE GEORGE


LA VIDA DE GEORGE
Me acerqué a la barra del bar del hotel, acababa de llegar de otro largo viaje de negocios.
 Al dejar mi abrigo, doblándolo con cuidado, en el respaldo del taburete la vi, ¡la mujer más elegante qué he visto nunca, sentada en un taburete cercano al mío tomaba con gran delicadeza una copa de champagne. La caricia de sus ojos azules me envolvió. La luz de su sonrisa me deslumbró. El vestido de cóctel negro se ajustaba perfectamente a sus espléndidas formas.
Buenas noches, te estaba esperando.
La miré sorprendido, nadie sabía que esta noche me alojaría en el Sheraton.
Disculpe, señora, ¿nos conocemos?
No, pero hace mucho tiempo que te espero.
Bien, una mujer misteriosa, interesante…
¡George! Acércate cariño, tu perrito quiere jugar.
Mamá, tengo que estudiar, mañana tengo un examen.
Tu padre estaría orgulloso de ti, siempre tan responsable.
Ambos me habéis dado buenos ejemplos, mamá.
“Quiere verme jugar, que me divierta, pero desde que papá no está soy el hombre de la casa. Tengo que crecer y estudiar mucho para poder cuidarla como merece, otra vez está cosiéndome los botones de mi camisa, con sus manos de hada. Cada vez más cosas se le pierden en la niebla del olvido, qué absurdo.”
¿Me permite ofrecerle una copa?
Por supuesto, disculpa, mi nombre es Kimberly.
Yo soy George, para servirla – me ofreció su mano de porcelana y se la rocé suavemente con un imperceptible beso.
Su cabello negro como un tizón contrastaba con el mío, salpicado de mechas blancas.
Su perfume era embriagador, ¿cómo podía existir una maravilla así?
¿Se aloja en el hotel?
 No, pronto me iré y tú vendrás conmigo. ¡Háblame un poco de ti!
No salía de mi asombro, decidí seguir su juego si es que jugaba a algo.
 “Otro vez llego tarde a casa, Dorothy me está esperando en el sillón del salón, apenas iluminada por la luz de la luna que entra por la gran ventana de la terraza. Se levanta y se refugia en mis brazos.”
¿Cómo te ha ido el día cariño? Te estaba esperando, tenemos que hablar un poquito, si no estás muy cansado.
Para ti siempre estoy en forma amor mío, ya lo sabes. ¿Cómo están los peques, se portan bien?
En casa todo está en orden cielo, lo único que me gustaría es que te tomaras unas vacaciones, trabajas demasiadas horas. ¡Dime que si, por favor!
De acuerdo, lo que tú quieras, ¿Tienes algún plan, qué te gustaría?
La próxima semana los niños tienen vacaciones, había pensado en un crucero, si te parece bien mañana voy a encargar los billetes.

Esa fue la última noche que la vi, a ella y a nuestros dos hijos. Un camión chocó contra su coche durante el trayecto a la Agencia de Viajes.

Tranquilo, ahora tú y yo vamos a reunirnos con ellos y con tus padres.

¡Y el ángel se me llevó!  El infarto fue fulminante.


CARNAVAL DE VAMPIROS


CARNAVAL DE VAMPIROS
Después de una larga y reparadora siestecita de doscientos años me desperté y era de día, tengo que esperar hasta la noche para salir a dar una vuelta. Al salir me sorprendió ver la calle rebosante de brujas, otros vampiros, payasos, magos, animales de todas clases, gitanos, demonios, ángeles, toreros, qué reunión más estrámbotica, nunca, en mi larga vida, había visto algo así. Decidí preguntar a una vampira muy rubia y muy guapa a que se debía la manifestación.
- Hola compañera, ¿qué haces aquí con toda esta gente tan rara?
- Pues lo mismo que tú, celebrar el Carnaval.
- ¿El Carnaval, que es eso?
-¿ Me estás tomando el pelo? Porque si es así, no tiene gracia, ya te puedes ir por donde has venido, chistoso.
- Disculpa, es que soy nuevo por aquí, oye, ¿no tienes hambre? Podemos ir a comer algo juntos.
- No, yo ya he cenado, ahora sólo quiero seguir la fiesta. Si quieres comer todavía hay muchos restaurantes abiertos.
- ¿Restaurantes, que es eso, posadas? ¿Hay comida para nosotros en esos restaurantes?
- Claro, ¿de dónde te has caído? Me estás mosqueando. Si te portas bien mañana por la mañana te llevo a desayunar a un sitio especial.
- ¿Por la mañana? No soporto la luz diurna, ya lo sabes. El sol me hace desaparecer.
- Ya veo que te pones bien en tu papel, tranquilo, con unas gafas de sol no te pasará nada, te prestaré unas de mi hermano.
Estuvimos toda la noche juntos, es muy simpática aunque un poco rara, está amaneciendo, espero que tenga razón con lo de las gafas y pueda, al fin, alimentarme. Parece que estas gafas funcionan, nos hemos juntado con su grupo de amigos y uno de ellos me ha ofrecido una botella llena de sangre fresca, qué bien, tomé un largo trago y casi me da algo, se pusieron a reír todos, ¿que sería ese brebaje asqueroso?
- ¿Qué amigo, no te gusta la sopa de tomate? Jajajaja, jajajaja, si quieres sangre de verdad vete a un hospital, chistoso.

ANIUTA


ANIUTA
Anton con sus casi dos metros de estatura está encorvado en la silla estudiando su libro de anatomía para el examen final. Debido a los duros trabajos que realiza desde niño tiene un cuerpo atlético. El cabello es rubio y rizado, con unas suaves ondas que rodean sus facciones más bien delicadas. Solo tiene veintidós años pero una responsabilidad digna de un catedrático, inculcada por su estricto padre.
Ser médico y sacar a su familia de la gran miseria en que está sumida es su principal objetivo.
De pronto se abre la puerta de la triste habitación que ocupa en los bajos del Hotel Lisboa, el más lujoso de Moscu, es la propietaria del hotel. Aniuta, de unos sesenta años, aún mantiene una belleza y una elegancia impresionantes. De muy joven había sido criada del hotel hasta que se casó con el dueño del cual enviudó ya hace mucho tiempo, ahora es ella quién lleva las riendas.
¡Date un buen baño y sube a la suite, esta noche tienes visita! ¡Y recuerda qué mañana tienes que limpiar toda la plata! ¡Espabila!
Tras lo dicho salió altiva de la habitación. Desde que enviudó se dedica a acoger estudiantes de medicina, les da una mísera habitación a cambio de muchos servicios y favores.
Otra vez visita, piensa Anton, ¿cuál de las carcamales amigas de Aniuta será esta vez? Todas son más viejas que ella, en la última semana ya le han visitado cinco veces, son insaciables, aunque no son todas iguales. A Katia le gusta humillarme poniéndome a cuatro patas mientras ella se me sube encima y me da palmadas en el culo. A Olesia le gusta que le mame los pechos y acunarme como si fuera un bebé. A Nadia le gusta que le pegue con la mano abierta en sus enormes posaderas. A Sasha le gusta darme órdenes e insultos mientras la penetro. Y a Manya le gusta que le diga palabras cursis de amor. A pesar de todo son muy generosas conmigo, cosa que me permite ayudar a mi familia.
Mientras estoy con ellas procuro ausentarme mentalmente pensando en mi amor, mi amor platónico, porque no tiene ni idea de lo enamorado que estoy. Solo puedo gozar de su presencia en la universidad.
Las visitas y las numerosas tareas de limpieza del hotel me roban muchas horas de estudio pero lo compenso estoicamente quitándole horas al sueño.
Aniuta no está jamás contenta conmigo, dice que solo seré un medicucho mediocre, me odia y no sé por qué.
Por fin, mañana me dan las notas finales, cuanto deseo ser libre de una vez.
Veré a mi amor no correspondido, ¿será la última vez? ¿Debo declararme?
No soy capaz, tengo miedo al rechazo, a que se enfade, y lo qué es peor, a que se ría de mí. Por su parte ya debería haber notado mis fuertes sentimientos, y no me muestra el más mínimo interés. Pero mañana nos encontraremos a solas.
El profesor me ha citado en su despacho.
¡Pasa Anton, siéntate! Aquí tienes tus notas, excelentes por cierto, la semana que viene haremos la entrega de títulos.
Cogí el sobre y me dirigí a la puerta, apesadumbrado, tras darle las gracias.
Entonces levantándose de su silla me llamó - ¡Anton! – me giré lentamente y nos miramos a los ojos, nos fundimos en un largo y cálido abrazo.

miércoles, 4 de abril de 2012

PRIMER AMOR



Mario no se puede concentrar, su mente y su corazón han sido robados por la niña del tercer pupitre.
Atrapado entre miradas y sonrisas furtivas siente que va a explotar,  ambos esperan ansiosos la hora del recreo para poder perderse en el bosque.
El roce de su mano hace que las mariposas revoleteen traviesas en su interior.
Ella es una flor, Rosita, sus mejillas están siempre sonrosadas, su cabello es dorado y brillante como el sol, sus ojos son nítidos y deslumbrantes, sus manos como una patena, pequeñas y blancas, sin ningún esmalte que rivalice con ellas.
Para Rosita él es su adonis, tantas veces soñado, el que hace que su piel se encienda con adoración, se siente feliz, afortunada y muy deseada.
Los árboles son testigos mudos de la unión de sus tiernos labios y de las caricias fugaces, no van a más porque Mario comprende, y Rosita sabe.
Comprende que aún son demasiado jóvenes y ella sabe que un amor tan grande no se debe mancillar.
Luego, a solas, ella deja volar la imaginación para gozar castamente de sus anhelos. Deseando que los años pasen más rápido.
Cada noche el mundo onírico de Mario completa sus frustradas ansias sexuales, en sus sueños se funde con Rosita.